Reseñas de cine

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Sep
05

Reseña de “SALVANDO AL SOLDADO PEREZ”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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En momentos en los que la violencia relacionada al narcotráfico alcanza proporciones monumentales dentro de la república mexicana, una película como “Salvando al soldado Pérez” tiene que despertar al menos cierto nivel de polémica.

La cinta, que se encuentra ya en varias salas de Los Angeles, tiene como protagonistas a unos narcotraficantes que se encuentran metidos en una misión particularmente exigente: ir hasta Irak para rescatar a un soldado del ejército estadounidense que, además de ser de origen mexicano, es hermano del que lidera el comando. La idea suena de lo más original, pero se presta también para transformar en héroes a quienes obviamente no lo son.

Julián Pérez (Miguel Rodarte) ha alcanzado la fortuna y el poder a través de negocios ilícitos. Pero le falta lo más importante: el amor de su familia, que se encuentra espantada de sus actos delincuenciales. Cuando su madre enferma (Isela Vega) le exige que emprenda una misión prácticamente suicida para buscar a su hermano perdido en el Medio Oriente, Julián no tiene otra opción de aceptar, lo que lo lleva a armar un comando integrado por los maleantes más peligrosos que conoce (interpretados por los actores Jesús Ochoa, Joaquín Cosío y Gerardo Taracena, entre otros).

SSP_coverLo que libra a esta cinta de ser una apología del crimen no es sólo su tono de comedia disparatada, sino la absoluta ligereza con que se toma las cosas, al menos en lo que respecta a sus protagonistas. Como lo señalaron ya varios críticos mexicanos a raíz de su estreno en el país vecino, “Salvando…” es esencialmente un producto de entretenimiento que apela a un fenómeno ampliamente conocido y actual (el del narcotráfico) para elaborar una historia que busca simplemente la risa.

Sin embargo, al ver la película, uno puede darse cuenta de que el director y guionista sinaloense Beto Gómez (quien hizo antes “Puños rosas”, una comedia sobre boxeadores homosexuales) sí se encontraba en búsqueda de detalles más críticos y profundos, sobre todo en lo relacionado a la presentación de los militares estadounidenses, quienes son caracterizados como una horda salvaje de invasores que dispara permanentemente contra todo lo que se mueve (la escena en la que acribillan a balazos a una madre y a su hijo no es gratuita).

Aunque no somos precisamente unos defensores de las tropas del tío Sam y no dudamos ni por un segundo que sus representantes actúen de ese modo en los territorios que conquistan (la Historia ha dado innumerables pruebas de ello), este evidente comentario político hubiera tenido que hacerse extensivo a los personajes de los narcos, que no son tampoco ningunos santos; pero no es así.

Sería demasiado exagerado decir que Gómez se pone del lado de ellos y que los promociona, porque estos personajes son demasiado tontos y estereotipados como para causar admiración; pero lo cierto es que no se muestran nunca los actos violentos que cometen ni se los presenta realmente como tipos malévolos, por lo que resultan poco menos que santificados cuando se los compara con los sanguinarios ‘marines’.

Sospechamos, sin embargo, que el nivel intelectual de la cinta no llegó a este punto de análisis, como sí lo hizo en “El infierno”, otro largometraje mexicano reciente y de estilo semejante (también se la ha colocado el rótulo de ‘narco-comedia’) que posee sin duda una calidad considerablemente mayor. Es probable que el modo en el que se presenta a los ‘gringos’ en “Salvando…” corresponda simplemente a la impresión popular que se tiene de ellos en muchos países de Latinoamérica, porque la película, lejos de contar con un tratamiento narrativo complejo, posee un guión más digno de un ‘sketch’ televisivo que de un proyecto fílmico profesional, con diálogos a medio cocinar y situaciones inverosímiles.

La buena noticia es que, en medio de su precariedad argumental, “Salvando…” presenta otros elementos que la rescatan del olvido, empezando por el buen quehacer de su reparto. Muchos de los actores del filme son veteranos de la actuación cinematográfica en México (como Ochoa y Cosío), y los demás poseen el suficiente carisma como para sacar a flote a sus personajes (como es el caso de Rodarte y de Taracena, quien interpreta a su mejor amigo, Carmelo, un indígena que se dedica a cultivar tomates).

Además, los productores se dieron no sólo el trabajo de filmar la cinta en tres estados mexicanos, sino que viajaron hasta Turquía para realizar las escenas correspondientes a Irak, lo que le brinda un acertado realismo fotográfico a este segmento. Claro que las ventajas de la locación no transformaron súbitamente a Gómez en un gran cineasta, porque en desmedro de algunas tomas panorámicas que muestran al desierto de noche, la escasa creatividad de sus planos revela la falta de una auténtica escuela cinematográfica.SSP4-_tomates_en_Turquia

Aunque se trata de la segunda película más cara en la historia del cine mexicano, “Salvando…” no impresiona nunca con tomas aéreas, travellings vistosos o, cuando menos, ángulos expresivos. Se tiene la impresión de que el presupuesto se agotó pagando a los actores, consiguiendo las locaciones internacionales y solventando los gastos de transporte; pero lo más probable es que los resultados estéticos se deban simplemente a una falta de planificación visual.

Lo dicho no elimina por completo la presencia de placeres correspondientes a la imagen; con todos los clichés que tiene, la cinta despierta al menos sonrisas con los planos que muestran a este pintoresco comando luciendo sus ropas tradicionales, y los movimientos de los personajes en las secuencias de combate resultan bastante efectivos.

No podemos dejar de lado la escena donde se muestra la visita al santuario de Malverde, convertido en patrono de los traficantes; el impresionante tatuaje de ‘Rigo’ Tovar que lleva en su espalda el “Pumita” (Rodrigo Oviedo) ; ni el convincente modo en que se presenta la logística del ejército estadounidense, incluyendo a sus tanques y helicópteros.

Además, en medio de su ausencia de vuelo visual, la cinta se las ingenia para revelar esas referencias a las películas de Indiana Jones que el mismo Gómez ha citado como influencia (y que, por cierto, se suman a las de Robert Rodríguez, sobre todo en su etapa como realizador de serie B).

Pero, para nosotros, las escenas más hilarantes tienen que ser las que aluden a esa inocultable fascinación que muchos gángsters modernos sienten por la película “Scarface”, y que se muestran no sólo en los lujos a los que se encuentra acostumbrado Julián (incluyendo la posesión de un león blanco), sino también en uno de los nuevos ‘juguetes’ que manda a instalar uno de sus contrincantes, debidamente ataviado con unos calzoncillos de leopardo: un globo mecánico  y rotativo que lleva escrito el eslogan “El mundo es tuyo”, pero que se niega rotundamente a funcionar.

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